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La pintura realista perdió a uno de sus máximos exponentes PDF Imprimir E-mail
Escrito por LuisR   
Miércoles, 04 de Febrero de 2009 19:00
 
 
El pintor y escenógrafo Enrique Beltrán Segura muere en Valencia a los 87 años. Está considerado como un exponente del realismo naturalista.
 
 
 
 
 

 
La pintura realista perdió a uno de sus máximos exponentes. El valenciano Enrique Beltrán Segura falleció a los 87 años dejando atrás una amplia obra que lo sitúa como referente del realismo naturalista, según fuentes del Círculo de Bellas Artes de Valencia, que había concedido a Beltrán su Medalla de Oro.
Nació en Valencia en 1921, estudió en la Escuela de Artes y Oficios donde fue alumno de Salvador Tusset y, posteriormente, se trasladó a Madrid, donde continuó su aprendizaje al lado de Manuel Benedito.
En Valencia, se título como maestro fallero y en sus inicios se dedicó a lad decoración de fallas.
En 1950 se marcha a Argentina, donde se dedicó a reproducir obras de grandes pintores españoles, recibiendo encargos de marchantes norteamericanos que distribuyen su obra por toda América. Compaginará este trabajo con la escenografía, tanto en cine (en los estudios Baires Filmes, de Buenos Aires) como en la televisión (Canal II).
La gran maestría, que avalan los críticos de arte, se plasma en cada uno de sus cuadros. Elevaba de categoría objetos tan insignificantes o cotidianos como cacerolas, pucheros o latas de conserva. Pero no sólo por eso. Su personalidad también tiene mucho que ver. Lejos de excentricidades ni egocentrismos, Beltrán era humilde, callado y hacia sus adentros, como su pintura.
El realismo del que hacía gala Beltrán está muy alejado de la heterodoxia. Su pintura dista mucho de ser una reproducción de la realidad, fría o mecánica, como si de una fotografía se tratase. Sus pinceladas  huia del acartonamiento en el que suelen caer muchos pintores realistas.
José Garnería, presidente del Círculo de Bellas Artes de Valencia,  también lo conocíó bien. Él definió su técnica como realismo naturalista de índole narrativa, basado en la concentración sobre objetos triviales, cotidianos en la mirada sobriedad y no emotividad de las cosas, en la acentuación de su materialidad, en la diferente estructura superficial y en la firma personal definida a través de la misión neutralizadora del color, escribió para  una presentación sobre el autor.
Tal perfección y atención al detalle le llevaba a pintar incluso el polvo en las estanterías o sobre los objetos, las sombras que arrojaban, la herrumbre de los hierros o los reflejos de la luz. Todo esto pasaba factura a su producción en tiempo y trabajo. No obstante, la huella de Beltrán está en numerosas colecciones privadas españolas y extranjeras, así como en museos. Tuvo mucho éxito en América del Sur, en países como Chile, Brasil o Argentina. En este país residió durante 18 años. En 1968 regresó a España con la intención de dedicarse por entero a la pintura, cultivando un estilo realista, siendo posteriormente incluido en la exposición Realismo Español Contemporáneo, que organizó el Ministerio de Cultura en 1976.
Beltrán Segura residió largas temporadas en la localidad valenciana de Sot de Chera, siendo el impulsor del Concurso Nacional de Pintura Rápida de esta población.
Su obra ha sido expuesta en muchas ciudades españolas (Madrid, Barcelona, La Coruña, Pamplona, Vitoria) y también en Europa (Lisboa, París). Participó en importantes muestras colectivas como Realismo español contemporáneo (1976), del Ministerio de Cultura.
Su nombre figura incluido en el ensayo Un arte valenciano en América. Exiliados y emigrados, editado por el Consell Valencià de Cultura (CVC) y en los diccionarios Artistas Valencianos del siglo XX, de la editorial Albatros y Diccionario de artistas Españoles, de Forum Artis.



 
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